El deber cumplido (un cuento)

Esta tarde el presidente de la fábrica de armas de largo alcance apagó satisfecho el computador de la oficina.

El nuevo conflicto armado estaba cobrando más fuerza de lo proyectado, las gestiones de mercadeo y ventas estaban arrojando excelentes resultados y sus clientes habían incrementado sensiblemente el volumen de los pedidos. Ahora el lío había sido reajustar con sus sabios el plan de compras de insumos y materias primas y, además, reestructurar todo el programa de producción. Pero subcontratando procesos, comprando con buenos descuentos a otros productores de menor tamaño y reajustando aquí y allá, habían ido obteniendo el stock para cumplir con el 100 % de los pedidos.

Ahora el nuevo presupuesto del trimestre –y todo parecía indicar que también el del semestre– se iba a cumplir con holgura.

Pocas cosas comparadas con la satisfacción del deber cumplido. Esta noche pensaba celebrar discretamente en familia: con su esposa y sus tres angelicales hijitos.

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4 Responses to “El deber cumplido (un cuento)”


  1. 1 Tomáz marzo 30, 2011 en 6:05 pm

    Está muy bueno el post, Markota. Hace días escribía algo similar, es sorprendente cuán frío es el mundo.

    Un abrazo,

    Tomaz.

  2. 2 Markota marzo 30, 2011 en 6:13 pm

    ¡Hola, Tomaz!

    Y lo es también la doble moral de las naciones que hacen parte del multimillonario negocio de la guerra.

    Un abrazo virtual.

  3. 3 Juan Camilo marzo 30, 2011 en 11:51 pm

    Cuando el exitoso empresario de las armas llegó a casa, los angelitos que tiene por hijos estaban discutiendo y estaban al punto de pelear a los golpes. El papá, con su acostumbrada calma los separó y les echó un sermón de 2 horas respecto a la tolerancia, amor y respeto…Que modelo de papá, y que modelo de esposo…pero su blackberry no dejaba de vibrar con los mensajes de su empresa de la guerra. Ni corto ni perezoso, enciende su blackberry, y mira los índices financieros…las acciones subieron y este personaje es ahora un poco más rico a costa de unas vidas que se segaron el día de hoy.

    El señor empresario se toma entonces un whisky para callar algo fastidioso que de vez en cuando le habla al oído…su conciencia. Sin embargo la muy inoportuna conciencia cada vez toca menos a su puerta…el dinero, el poder, la doble vida, la han callado…Aunque otra visitante está al acecho en la vida de don Armando Armas, ese empresario que cada día acumula más dólares:la paranoia.

  4. 4 Markota marzo 31, 2011 en 3:11 pm

    Hola, Juan Camilo.

    Qué bueno que este cuento te puso a pensar en tu propia versión, y en continuar escribiendo la historia.

    ¡Un abrazo!


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