¡Qué pregunta tan obvia!

Ayer me acosté a dormir más bien tarde. Leí algunas páginas del libro que ahora tengo entre manos, “Homo sapiens”, de Antonio Vélez. Luego me puse a resolver el Sudoku del jueves en el periódico y me estaba quedando dormida con el diario en la mano; pero lo terminé entre cabeceos. Semidormida y satisfecha, apagué la luz de la lámpara que tengo ubicada en la cabecera de mi cama. Era el filo de la medianoche.

Cuando me estaba durmiendo empecé a sentir un estruendo de pólvora que explotaba ininterrumpidamente en un lugar que desde mi almohada resultaba incierto. Esperé un poco, pero los fuegos no cesaban de sonar.

Entonces decidí levantarme de la cama, abrí la ventana de mi alcoba y vi que en todos los rincones del cielo de Medellín, entre las luces titilantes de la ciudad y el negro del cielo, decenas de diminutos fogonazos de luz emergían erráticos desde lugares inesperados en toda suerte de barrios y se elevaban contra las montañas e iluminaban retazos del paisaje. Esperé otro poco, pero el espectáculo aleatorio no cesaba. No procedía de un lugar determinado, sino que era una sumatoria de lo que parecían ser celebraciones aisladas.

Me pregunté ¿cuál será el motivo de tanta fiesta? ¿Qué me estaré perdiendo? No lograba recordar ningún evento especial o alguna noticia de la que el país o la ciudad estuvieran pendientes. Se me ocurrió entonces que, en algún rincón del planeta, Medellín o Colombia habían triunfado en algo, en fútbol, por ejemplo, y yo desconocía ese motivo para armar tamaño estruendo.

Pasaron unos 15 minutos y la celebración seguía. ¿Cómo averiguo lo que pasa?, pensé. ¿Internet? No, internet no. ¡Ah!, ya sé, en la radio deben estar hablado de lo que está ocurriendo. Me dirigí a la cocina con la intención de prender la vieja radiograbadora que está sobre la mesa. La encendí y en la emisora que empezó a sonar estaban en un corte de comerciales. Fue cuando se me ocurrió llamar a la portería. Descolgué el citófono, marqué el número cero y me contestó Aurelio:

– “Portería, buenas noches”.
– “Aurelio, buenas noches, soy Marta Restrepo. Cuénteme, por favor, ¿usted sabe qué pasa en Medellín?”
– “Pues, ¡que empezó diciembre!”. Me contestó Aurelio, dándome a entender entre risas que yo estaba haciendo una pregunta obvia.

6 Responses to “¡Qué pregunta tan obvia!”


  1. 1 marsares diciembre 1, 2006 a las 10:25 pm

    Te cuento algo. En ese momento, precisamente después de las doce, estaba hablando por teléfono con mi novia y ella me comentó que estaba viendo desde su balcón fuegos artificiales y, aunque a la distancia, compartimos juntos ese especial momento del comienzo de diciembre que en Medellín siempre es espectacular.
    Abrazos,

  2. 2 Galo diciembre 1, 2006 a las 10:56 pm

    Hola Markota, tiempo sin pasarme por acá. La pregunta realmente sobraba, esto es típico del inicio de diciembre en Medellín, diciembre que, para bien y para mal se vive de forma muy diferente a como se vive en otras partes.

    ¡¡¡Que disfrutes diciembre en nuestra ciudad!!!

  3. 3 lully diciembre 2, 2006 a las 12:25 am

    jajaaja!!! pues yo si sabía lo que se vendría a media noche. Desde mi balcón podía ver jugos especiales por sus luces, figuras y colores. Menos mal por mi apto no sonaron esos famosos “tacos” que son tan fuertes para los sentidos auditivos.
    En Medellín parecía que fuera 24 ó 31 de diciembre.
    Mucha pólvora y ¡eso que está prohibida!
    Espermos que no hayan quemados y que cuiden los niños.
    Felicidades en navidad Markota y te agradezco ese lindo enlace.
    Un abrazo afectuoso!

  4. 4 markota diciembre 2, 2006 a las 2:53 am

    Marsares, yo llevaba dos años y medio viviendo por fuera de Medellín, y no recuerdo haber vivido un primero de diciembre así. Me impactó ver ese derroche de pólvora y una ciudad tan enfiestada por el inicio de la navidad.

    Galo, me alegró esta novedad y ver el espíritu festivo de mi ciudad. Este sí que es un verdadero fenómeno. Me encanta que los ánimos se nieguen a decaer y que haya tanta gente con ganas de celebrar. ¡Un jueves, no sé si cientos o miles de personas esperando pacientemente que fueran las doce en punto de la noche para anunciar al unísono que era primero de diciembre! Increíble, ¿o no?

    Lully, eso de que la pólvora está prohibida también lo pensé, pero hoy. A mí personalmente no me gusta, le tengo miedo a esas explosiones medio incontrolables, nunca he tirado una papeleta en mi vida. Conozco de cerca varias historias muuuy trágicas, con finales horrorosos por cuenta de accidentes con pólvora. Pero, anoche no me resultó amenazante mientras observaba apartrechada en la seguridad de mi ventana (si hubiera salido al balcón no habría visto nada porque da hacia un lado donde no había luces ni nada por el estilo).

    ¡Un abrazo explosivo para mis tres amigos!

  5. 5 Juan Camilo Barrera diciembre 4, 2006 a las 1:06 pm

    yo también me extrañé un poco con la tiradera de pólvora…claro que es que es el primer “primero” de diciembre que pasó acá luego de 6 años de no haberlo pasado…mejor dicho, cada año que venga habrá más pólvora….

    un abrazo explosivo para ti Martica!

    pum!

  6. 6 markota diciembre 4, 2006 a las 4:08 pm

    Juan Camilo: para mí fue el primero en dos años y también fue sorpresivo…
    ¡Cuidado con la pólvora!


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