Creer ciegamente

La predisposición a creer en verdades absolutas que se imprimen en la infancia del ser humano es un mecanismo de supervivencia, que ocurre de manera equivalente en otras especies. Al parecer, el individuo que cree ciegamente en asuntos tales como los religiosos es solo una víctima de su propia dotación genética.

El hombre, como otras especies animales, depende de un proceso de aprendizaje para sobrevivir, porque no está diseñado para salir al mundo como lo hacen muchas especies, que nacen y saben qué tienen qué hacer sin que nadie les enseñe.

La infancia prolongada, en la cual el cerebro sigue desarrollándose hasta que alcance su madurez, es característica del ser humano. Esta particularidad nuestra nos permite tener un proceso de aprendizaje más amplio que el de otros parientes biológicos cercanos, como los simios superiores, en general, y el chimpancé, en particular.

En ese período de aprendizaje los niños (ahí incluyo la niña que yo fui y los niños que fueron quienes hoy leen este comentario), reciben una gran cantidad de información transmitida de generación en generación, es decir, tradicional, que en mayor o menor grado es indispensable para su supervivencia, por lo cual la incorporan como verdades incuestionables que se asimilan como si fueran asuntos de vida o muerte.

Pero, dentro de ese aprendizaje se van una gran cantidad de creencias que el aprendiz de adulto absorbe sin cuestionar, porque las asume como verdades absolutas, tales como los mitos, la religión, la categorización de quiénes son los malos y quiénes somos los buenos, el racismo, etc. Y son creencias indelebles que muchas personas arrastran por el resto de la vida.

Según afirma el etólogo británico Richard Dawkins, “Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no… si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre”.

La creencia en verdades absolutas puede derivar en dogmatismo o en fanatismo, en donde no caben las dudas, los argumentos y mucho menos los cuestionamientos. Según Winston Churchill:

“Fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”.

Diderot decía que:

“del fanatismo a la barbarie sólo media un paso”.

Una pregunta que me hago es, ¿por qué tantos nos hemos podido enfrentar con esa programación, a pesar del miedo que produce cuestionar las verdades absolutas, y nos hemos permitido desmontar tanta falacia aprendida, y otros no?

Una posible respuesta a mi pregunta podría estar en el descubrimiento hecho por el genetista molecular norteamericano, Dean Hamer, después de comparar más de 2.000 muestras de ADN, en el año 2004 se atrevió a afirmar que existe un gen religioso, que confirma que “la capacidad de una persona para creer en Dios está relacionada con la química cerebral” y que las personas que comparten el gen VMAT2, tienen una mayor habilidad para “creer en una gran fuerza espiritual. También asegura que “crecer en un ambiente religioso tiene poco efecto sobre las creencias”.

Como quien dice que según sus propias palabras, “la capacidad de una persona para creer en Dios está relacionada con la química cerebral”.

Me gustaría conocer otras posibles respuestas a mi pregunta.

6 Responses to “Creer ciegamente”


  1. 1 THILO octubre 3, 2006 a las 4:26 am

    Todavía por aquí… pues cuando se cree ciegamente, las desilusiones suelen ser pavorosas, bien sea religión, política, o las personas. Por otro lado, qué rico poder creer en algo (bueno), sin dudas, a ciegas. El problema específico con la religión es confundir la noción de creencia (por ejemplo la existencia de Dios), con la religión. La religión pretende impartir unos valores morales y éticos, lo cual aparentemente no tiene nada de malo. Pero la jerarquización absoluta de estos valores, so pretexto de evitar una “anarquía moral”, resultan en sistemas absolutistas, y que le niegan al hombre su natural derecho a cuestionar su mundo y su sociedad. Conclusiones de un filósofo desgastado…

  2. 2 markota octubre 3, 2006 a las 3:55 pm

    Thilo:
    Mi querido filósofo, yo, al igual que muchas otras personas que conozco, percibo una convicción generalizada en el hecho de que los valores éticos y morales son inculcados y reforzados por la creencia en una religión; pero, resulta que la ética pertenece al ámbito de lo civil y yo actúo ética o moralmente porque esos valores están grabados como una impronta en mi disco duro, independientemente de que crea o no en un dios que es juez de mis actos. Esos valores me los inculcan en la infancia y yo como adulta, si soy debuenas y puedo atreverme a cuestionar esas verdades aprendidas como absolutas, puedo depurar mucha basura. El juez lo llevo por dentro.
    La posibilidad de cuestionar el mundo y la sociedad es percibida como una amenaza por todos esos fundamentalistas que andan por ahí. Pensar y cuestionar puede ser interpretado como una actitud subversiva por los patriarcas que representan las diferentes instituciones, porque, de hecho, resulta amenazante para el orden establecido.
    Un abrazo virtual y felicitaciones de nuevo por la creación de Blogjuan. Aquí cuentas con una lectora fiel.

  3. 3 AXIOMA octubre 3, 2006 a las 6:33 pm

    QUIZÁ NO SOY LA VERDAD PERO LA INVENTO, MIENTRASTANTO LO ABSOLUTO SE PIERDE DESDE LA INMENSA ALFOMBRA QUE RASPA MI ESPALDA.

    SALUDOS Y REBIEN TU BLOG, DESDE CALI COLOMBIA Y UN SALUDO.

  4. 4 markota octubre 3, 2006 a las 7:08 pm

    Hola, Axioma.
    ¿Cuál es la diferencia entre lo que inventamos y lo que es real? En la memoria llegan a confundirse los recuerdos con las anécdotas de otros, los libros leídos, las películas vistas y los sueños soñados dormidos y los soñados despiertos.
    Lo mejor es que quizás yo tampoco soy la verdad, pero sé que tengo la mía. Nada mejor que quitarse de encima esa sensación de ser el centro del mundo, que tenía en la adolescencia y en mi primera etapa de vida adulta.
    Un abrazo virtual y bienvenido por aquí.


  1. 1 Libro ELE Blog » Blog Archive » La leyenda de La Llorona Trackback en octubre 25, 2006 a las 5:39 pm
  2. 2 La fe y la ciencia Trackback en julio 26, 2008 a las 9:20 am

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