El derecho fundamental de ser respetadas

En Colombia es probable que un hombre que va por la calle pase por el lado de una mujer, se quede mirándola con descaro y hasta le susurre frases asquerosas, para luego seguir su camino como si nada. Hay tantas otras cosas tanto o más ofensivas y graves que este acto, que ni siquiera está contemplada la posibilidad de denunciar la agresión.

El acoso sexual en el trabajo y la solicitud velada o expresa de favores sexuales a cambio de ascensos o gabelas laborales de cualquier tipo, están incluidos dentro del menú (precisamente hoy Equinoxio trata este tema en su convite, de una manera más profunda). También lo está el hecho de que haya una mayor tasa femenina de desempleo; según el resultado de una investigación realizada por la universidad Javeriana, en Colombia las posibilidades que tenemos las mujeres de estar desempleadas es superior un 42,73% a la de los hombres.

En países como Noruega ciertos gestos antiguamente considerados de cortesía con las mujeres, tales como cedernos el puesto, pueden ser vistos como una ofensa, toda vez que llevan implícita una actitud discriminatoria. Allí, un país decididamente feminista, cualquier mujer puede salir sola, a la hora que sea, o moverse por cualquier lugar, sin que siquiera se le pase por la cabeza el temor de sufrir algún tipo de agresión verbal o física por parte de un desconocido.

La lista de abusos velados y explícitos y discriminaciones de las que somos objeto las mujeres en Colombia daría para un libro extensísimo. La discriminación, al igual que ocurre con las minorías étnicas en nuestro país, como escribí recientemente, se traduce en el lenguaje y en los chistes que los hombres hacen a costa de nosotras, avalados por los medios masivos de comunicación. Son actos inconscientes que están inmersos en la cultura y, como tal, no son percibidos como una ofensa.

Leí en El País, de España, que la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) creó recientemente el Observatorio de la Mujer, con el fin de velar no solo para las mujeres no seamos objeto de discriminación en los medios masivos de esa localidad, sino para impulsar medidas que estén a favor de la igualdad de derechos entre los sexos. Una medida así ayuda a garantizar un derecho fundamental, que ni siquiera debería ser tema de discusión, como es el de que las mujeres seamos respetadas.

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Este es el blog de Marta Restrepo. En él se expresan todas las Martas que me habitan: la racional, la emocional y todas sus subdivisiones.

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Entrevista en equinoXio, en la columna de Lully: "Al desnudo en mi balcón".

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  • Y en Colombia los amamos. Hoy los venezolanos, su actitud y su entereza me despiertan gran admiración. Estoy segura de que no soy la única. 2 years ago

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