Choque cultural

(Esta entrada la publiqué en mi blog llamado: markota.bitacoras.com, el pasado 1 de mayo)

El 27 de abril llegué a Boca Ratón, que queda cerca de Miami. Llegué procedente de Bergen, que es la segunda ciudad de Noruega, y el choque cultural ha sido enorme. En realidad, en Bergen solo estuve tres meses, pero fue suficiente para vivir la dicha de habitar en una ciudad que tiene el tamaño apropiado para un ser humano como yo, con transporte público eficiente y un centro diseñado para que sea mucho más cómodo de recorrer a pie que en carro. En todos lados, haga sol, llueva o caiga nieve, siempre hay gente caminando; hay buses en los que montan todos, sin importar si son los dueños de las empresas o son sus obreros.

En los días que llevo aquí, en Boca Raton, solo he visto uno que otro peatón caminando por la calle; no he visto ni un bus ni nada que se parezca al concepto que tengo de transporte público y menos aun de ciudad; son calles y calles, avenidas interminables, llenas de carros ostentosos, centros comerciales y conjuntos residenciales que se repiten hasta el agotamiento; parece de ficción, pero no lo es, porque lo tengo frente a mis ojos. Esto solo esta diseñado para ser recorrido en carro, pero particular, por lo visto.

Según me dicen mis anfitriones, aquí es prácticamente imposible vivir sin algo en qué movilizarse.

Ahora veo con mis propios ojos un pequeño retazo de este país, Estados Unidos, que es el mayor productor mundial de los gases que generan el efecto invernadero (produce el 36% del total), y que a pesar de todo, no se acogió al Protocolo de Kyoto.

En los últimos tres meses he transitado por diferentes grados del espectro de lo que podríamos llamar una ciudad occidental. Mi periplo empezó en Bogotá, donde vivo, que es una ciudad enorme, con alrededor de seis millones de habitantes; es una capital del tercer mundo, llena de vida, de gente, de olores, de contrastes y desigualdades, para saltar luego a Bergen y luego a Boca Raton; tres ciudades completamente distintas entre sí; una verdadera locura.

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