Quiero vivir y morir apostada frente a este mar de volutas espumosas. Sueño azul de inmenso mar, sentir sin cesar el golpe de esta brisa que me hace tambalear; árbol soy de raíces imprecisas.
Mi piel de ocaso nuevo se nutre de este salitre invisible que todo lo llena.
Una dejadez de muerte me ancla a tu ribera; blancas líneas avanzan hasta besar tu orilla; manos ligeras, me incitan a hundirme en tus aguas de húmedas promesas.
Un jade impreciso se escabulle por entre tu horizonte de crestas transitorias, a gritos me llama en vaivén de ciclos de retorno eterno.
Alfonsina te asomas por instantes y me tiendes tu mano frágil de poeta. ¡Cuánto quisiera en mi oído sentir la melodía que en el tuyo arrulla la susurrante caracola!.
Mar sensual, receptáculo para mi fugaz cuerpo de savia roja.
Si tan solo mis ojos retuvieran fidedigna esta imagen que llena mi horizonte; si pudiera conservar conmigo esta brisa, este rítmico estallido de aguas andariegas; ese menudo batir de verdes dedos vestidos con traje de palmera.
Quiero llevarme a casa el sartal de diamantes que desperdiga la luna en la cresta de las olas nocturnas.























