¡Hola! Ya estoy de regreso. Qué alegría me dio al abrir tanto mi correo personal como Markota y encontrar todas estas manifestaciones de afecto de mis amigos.
Vengo renovada, con los ojos llenos de horizonte y con los oídos cargados de un incansable reventar de olas.
No es exageración si digo que son tal vez las mejores vacaciones que mi familia y yo hemos pasado juntos. Todo salió de la mejor manera posible. Cada día dos personas diferentes de mi grupo se encargaron de diseñar y de preparar el menú, con la ayuda de Liliana y de Mary, dos hermanas tolueñas que nos atendieron como a reyes y del esposo de Liliana, John Jairo, que nos conseguía el pescado del día y nos ofreció todos los cocos de agua que quisimos, agua que bebíamos directamente del coco, con un pitillo (o pajilla). Comimos muchas frutas tropicales y abundante pescado y mariscos frescos; también arroz con coco, acompañado con yuca, ñame o patacón (para los que no son de estas tierras, la yuca y el ñame son dos tubérculos deliciosos y el patacón es una tostada de plátano frito, cuál de todos más bueno y más cargado de carbohidratos).
Hicimos largas caminadas, tomamos el sol y jugamos Boogle. Como en el poema de Miguel Hernández ‘Pueblo blanco’, nos pasábamos largos ratos con “…la boca abierta al calor, como lagartos, medio ocultos tras un sombrero de esparto…”.
Como fieras satisfechas, acostados en sillas de playa bajo las palmeras, gastamos generosas horas hablando de todo, pero también entonando deliciosos silencios al unísono.
El 31 a la medianoche encendimos una enorme fogata justo en el borde del mar y cenamos una “Zarzuela” que es un plato típico español, elaborado a base de langosta, langostinos y otros mariscos y pescado, preparada por Sebastián, uno de mis cuñados, que es mallorquino.
También leí, pero no todo lo que me había propuesto, no hubo tiempo. (Está bien, pues, Thilo…
tenías razón).
De todas maneras, a pesar de estas delicias que aquí les cuento, vengo con dos visiones de mi paseo a Tolú, acordes con mi manera de ver y vivir la vida: una, completamente hedonista, poética y estética; la otra, con una mirada crítica, la del asombro de venir de un lugar donde conviven el paraíso y la miseria, a solo unos pocos kilómetros de distancia.
Voy a preparar dos comentarios sobre las dos visiones.
Como le dije en diciembre a Félix Soria, quiero expresarles mi deseo porque cada uno de mis amigos construya muchos sueños para este año, sueños que se conviertan en realidad. Porque solo soñar es quedarse a vivir en la irrealidad…
¡Un abrazo virtual!

















