Hoy siento que tengo la mente tipo “Tabula rasa”, como una pizarra en blanco y sin contenidos. Estoy más bien dedicada a empezar a sentirme en vacaciones (aunque todavía tengo un asunto de trabajo importantísimo para resolver), a la lectura, a hacer vida social sin grandes aspavientos y planeando el paseo familiar a una finca alquilada, en la playa de Tolú, cerca de las mágicas “Islas de San Bernardo”; tengo unas enormes ganas de sol, de mar, de hacer largas caminadas por la playa, de tirarme a leer o a soñar en una hamaca, de disfrutar noches al aire libre contando estrellas fugaces, de jugar cartas y otros juegos de mesa, con inofensivas peleas y carcajadas por el primer lugar (no me gusta quedar de segunda, pero cuando me toca, soy una perdedora digna).
Me voy a llevar para leer: “La mujer habitada” y la “Antología poética”, de Gioconda Belli (los compré hace poco); también, “Nieve” de Orham Pamuk. También empacaré un cuaderno de notas. En lista de espera dejo aquí “El olvido que seremos”, de Héctor Abad, que espero devorar a mi regreso, y “Understanding Media Culture”, un libro de teoría de la comunicación que es como una especie de “Karma” que vengo arrastrando desde abril, sin animarme a abrir la primera página. No he encontrado el momento para leerlo.
A propósito, me sorprendió ver que en los semáforos están vendiendo ediciones piratas del libro de Héctor, lo que indica que ha sido tan exitoso que hasta lo venden pirateado; pero, también que la industria de la falsificación le quita regalías a Héctor, y eso lo lamento.
Faltan seis días para que nos vamos, pero ya empecé a hacer el inevitable y casi infantil conteo regresivo.


















