Así decidieron llamar algunos de sus contemporáneos a la música del compositor y violinista italiano Niccolo Paganini, que vivió entre los siglos XVIII y XIX.
Su técnica era tan novedosa y los sonidos que lograba
arrancarle al violín eran tan extraños, ya que lograba efectos espectaculares que a veces inclusive parecía dar la impresión de que eran varios los violines que sonaban y no solo el suyo, que no parecía haber una explicación distinta a la de que su arte era el producto de un pacto con el rey de las tinieblas.
Los caprichos de Paganini permiten hacer un verdadero derroche de técnica tan impactante, que logran borrar el lindero entre arte y espectáculo. Entonces, no es extraño que muchos violinistas se les quieran medir y se propongan interpretar al menos una de sus caprichosas obras.
Aquí publico el Capricho número 24, bastante conocido por cierto, en el video de una vieja grabación que encontré en YouTube, interpretado por el virtuoso lituano, Jascha Heifetz, fallecido en 1987 en Estados Unidos. Heifetz es considerado como uno de los más grandes violinistas del siglo XX, e inclusive como el mejor.
Después de ver este video es fácil entender por qué decían lo que decían, tanto del compositor como del intérprete. Me quito respetuosa el sombrero ante este maestro, Heifetz, que interpreta a este otro genio, Paganini.

















