Los primeros brotes de las plantas se asoman esperando el santo y seña para vestir de verde la primavera.
Algunas flores, anticipadas mensajeras, se abrieron tempranas para dar la bienvenida a la fiesta de colores.
Un punto de vista muy personal
Hay que protestar para que a los primos Nule, señalados como autores del llamado “Carrusel de contrataciones” irregulares en Bogotá, les den las condenas que en justicia les corresponda, sin maromas de leguleyos (mejor aún, a pesar de las maromas que puedan intentar hacer los leguleyos).

En la imagen, y de izquierda a derecha, los que Semana denomina "Los tres tenores": los hermanos Manuel y Miguel Nule Velilla y, en tercer lugar, su primo Guido Nule Mariño. A la derecha, Mauricio Galofre, señalado como socio de los negocios del conglomerado Nule.
Sobre los Nule pesan cargos por falsedad en documento público, peculado por apropiación, fraude, cohecho y concierto para delinquir. Se les acusa de haber defraudado a más de 10 000 personas y de haber desviado hacia cuentas en el exterior más de 2000 millones de dólares que se les habían asignado para la ejecución de obras públicas.
Se les acusa de haber dejado abandonadas obras no solo en la capital de Colombia, sino en otras regiones del país.
Merecería más años de cárcel cualquiera de ellos que el asaltante que entra armado a robar un banco. Un atracador no alcanza a sacar en un asalto tanto dinero como, al parecer, se han embolsillado estos yuppies, que después de haber huido a Miami y a Roma, tuvieron que regresar a rendir cuentas a Bogotá ante la amenaza hecha por la fiscal Vivianne Morales de extender una circular roja de la Interpol.
Lo delicado es que los cargos contra ellos, que involucrarían a funcionarios públicos y al mismo alcalde de Bogotá, Iván Moreno Rojas –y que serían una oportunidad de excepción: la punta de la madeja para destapar el nido de ratas que subyace bajo las impecables curules de los ediles–, por esta misma razón están expuestos a distorsionarse o a desaparecer, debido al poder de corrupción para callar testigos, manipular o desaparecer pruebas, etc., situaciones que serían apenas lógicas si involucran a personajes de antemano corruptos o corrompibles.
Basta con decir que a los Nule se les acusa de destinar 4500 millones de pesos para pagos a funcionarios corruptos.
De no hacerse justicia, afuera les esperarían sus blanqueadas fortunas heredadas en vida por parientes (o por allegados) testaferros.
Más de un cerebro joven e inescrupulosamente ambicioso hará cálculos en voz baja, y habrá quien piense que por el premio vale la pena someterse a unos cuantos añitos de cárcel en una celda tipo Premium.
Esta tarde el presidente de la fábrica de armas de largo alcance apagó satisfecho el computador de la oficina.
El nuevo conflicto armado estaba cobrando más fuerza de lo proyectado, las gestiones de mercadeo y ventas estaban arrojando excelentes resultados y sus clientes habían incrementado sensiblemente el volumen de los pedidos. Ahora el lío había sido reajustar con sus sabios el plan de compras de insumos y materias primas y, además, reestructurar todo el programa de producción. Pero subcontratando procesos, comprando con buenos descuentos a otros productores de menor tamaño y reajustando aquí y allá, habían ido obteniendo el stock para cumplir con el 100 % de los pedidos.
Ahora el nuevo presupuesto del trimestre –y todo parecía indicar que también el del semestre– se iba a cumplir con holgura.
Pocas cosas comparadas con la satisfacción del deber cumplido. Esta noche pensaba celebrar discretamente en familia: con su esposa y sus tres angelicales hijitos.
Es clara la orden para los seguidores de Chávez cuando están frente a un opositor o ante un medio de comunicación: hablar sin tregua, sin dar pie para que se les corte el discurso y sin dejar oír ninguna de las palabras que intente modular el opositor. ¡Es un ruido agresivo e irrespetuoso tanto con el interlocutor como con el público! ¡AH! Y no pueden dejar por fuera la trasnochada y desgastada palabra “imperialismo”.
Reproduzco aquí un comentario que escribí en una interesante entrada publicada por Fabio Villegas Botero en Equinoxio, llamada “Las tildes al diccionario”.
Han pasado veintiocho años desde cuando García Márquez nos regaló en Zacatecas ese bello discurso conocido como “Botella al mar para el Dios de las palabras”, sobre la jubilación de la ortografía.
Yo me cuento entre los defensores de la tilde; sobre todo, por asuntos prácticos. Esta es mi explicación del porqué.
La tilde cumple una función bien interesante en el español: señalar gráficamente las excepciones a la regla. Los profesores de español les enseñan a los extranjeros que en nuestro idioma las palabras que terminan en VOCAL, N o S tienen el acento en la penúltima sílaba (margen, frase, martes). Esto quiere decir que si terminan en una letra diferente y no tienen acento gráfico (tilde), son agudas: coctel, misil, estructural, ardid, hablar, reloj, pertinaz.
Cuando se altera este principio, hay que señalarlo. Y una solución práctica para señalarlo es mediante un recurso gráfico, que en el español es la tilde: cóctel, mísil, árbol, camión.
¿Y cómo indicamos que esa palabra que termina en vocal no es llana sino esdrújula o sobresdrújula? La única forma conocida en español (salvo cuando el contexto evidencia el lugar donde debe ir la acentuación) es la tilde. Esto es fácil de verificar; para ello retomo un modelo que usaste: Hábito, habito, habitó. / Tráfico, trafico, traficó. / Término, termino, terminó. / Esdrújula.
Cuando tenemos juntas dos vocales cerradas (iu, ui), dos vocales iguales o una vocal abierta (a, e, o) y una cerrada, hay diptongo.
Para el caso de la abierta y la cerrada (sin importar el orden), el acento va sobre la vocal abierta (el diptongo se rige por las normas generales de acentuación): oiga, óigame, bonsái. Cuando se rompe esta regla, es decir, cuando el acento va en la vocal cerrada y no en la abierta, también se rompe el diptongo, y el resultado es un hiato, una ruptura de la sílaba.
¿Cómo indicamos, entonces, la presencia de este caso de hiato? Lo señalamos con una tilde, sin importar la posición del hiato: baúl, grúa, comía, ahíto (la h no afecta al hiato). Los demás hiatos (dos vocales iguales o dos vocales abiertas diferentes) se rigen por las normas generales de acentuación.
Alguien que no sepa de memoria dónde queda el acento de una palabra (sea un hispanohablante o un extranjero), muy posiblemente la acentuará basándose en la regla de la VOCAL, N y S. Por ejemplo: ¿dónde llevan el acento palabras como: barbajan, furfuraceo, aspalato, ambidos, etc.? No es lo mismo río que rio; fío que fio; confiás que confías; pelícano que pelicano; contrarias que contrarías.
Con respecto a las tildes diacríticas, son una solución para resolver los casos de ambigüedad, aunque no siempre son indispensables. Un ejemplo que les pongo a mis alumnos es:
Si Carlos y María compraron carros usados, ¿por qué compraron estos carros usados? ¿A qué se refiere <b>estos?</b> Necesariamente se refiere a los carros usados. ¿Y si quería referirme a Carlos y María?… Debo precisarlo con una tilde: ¿Por qué compraron <b>éstos</b> carros usados? Claro que otra opción sería reescribir la pregunta, y hasta quedaría mejor redactado.
Soy de los que escriben guion sin tilde: me parece que es consecuente con la norma, porque la U es muda y su función (salvo las variantes regionales señaladas por la RAE) es señalar que se debe leer como G y no como J. En cuanto a lo de truhán, no lo sabía, no lo había notado y, ahora que lo leo, me parece que tiene toda la lógica, porque es un diptongo mediado por una H, en este caso tan muda y tan inútil como nuestro entrañable apéndice (al igual que la H de los hiatos ahíto, vehículo, búho, etc.).
En fin, la historia es más larga: faltan los triptongos y otras menudencias, pero mi objetivo básico era argumentar por qué en español el uso de la tilde tiene lógica y coherencia.
En otros aspectos de discusión que están en boga, no me gusta el “todas y todos”, ni el “juez y jueza”, no “coloco” casi nada y seguiré acentuando sólo (solamente), aún (todavía) y las palabras interrogativas para preguntas directas e indirectas, porque, ya sea por facilismo o por moda, sería crítico prescindir de la diacrítica.
Un saludo virtual.
Patética pandemia de autismo asociado a comportamiento esnob-obsesivo-compulsivo.
Las intercepciones que hizo el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, conocido como “el escándalo de las chuzadas (o pinchadas)”, son un hecho en extremo escandaloso. Lo que pasa es que en Colombia hemos vivido tantas cosas extremas que hace rato perdimos la capacidad de asombro.
Según dice el artículo “Los arrepentidos”, publicado por la revista Semana, los autores intelectuales y materiales
que orquestaron esta infiltración (que buscaba recopilar material para desprestigiar a los magistrados y a otros personajes) han sido sometidos a condenas que rondan los ocho años. No solo me parece corta esta condena para castigar hechos tan graves, sino que no les creo. Todos lucen tan arrepentidos por lo que hicieron… y hasta les piden disculpas a sus familias, como si ellos mismos hubieran sido unas víctimas.
Pero, si su trabajo era hacer inteligencia por orden del Gobierno, es una paradoja que hubieran obrado ingenuamente. No me cabe en la cabeza que ninguno hubiera tenido el menor criterio para pararse a reflexionar un poco sobre lo que estaba ocurriendo.
¿Qué buscan con sus confesiones? ¿Empezar a recobrar pita para lograr rebaja de penas y obtener una pronta excarcelación? Aunque la sentencia precisamente, y no solo, por lo absurdamente corta debería ser inapelable, algo me dice que algunos de ellos (seguramente los autores intelectuales) apenas olerán el cemento de las celdas, porque la rebaja de penas: por colaborar con la justicia, por buen comportamiento, por tender la cama, por lavarse los dientes todas las noches, etc., les permitirá retornar muy pronto a las calles exonerados de culpas. ¿O es una contraofensiva orquestada para desprestigiar a Uribe? (No soy uribista, pero tampoco soy ciega). Y sí es así, ¿cuál es el colofón de esta estrategia (que podría extenderse allende las fronteras…)?
Las ‘chuzadas’ son ciertas, de eso no cabe duda. Pero me producen desconfianza no solo las confesiones de los acusdados, tan similares en los términos utilizados y tan sincronizadas en las acusaciones, sino sus reiteradas disculpas públicas a Piedad Córdoba (las actuaciones de ella han sido suficientemente públicas como para pretender desconocerlas).
En cuanto a lo que le pueda esperar a Uribe, sus detractores no necesitarán de estas ‘ayudas’. Ya estamos empezando a asistir a la develación del trasfondo de su uso del poder (no usaré el sustantivo ‘abuso’, para evitar hacer un juicio de valor). En mis clases de redacción les doy a mis alumnos un taller sobre el uso de la tilde que se llama: “El juicio de la historia”. Es un artículo que tomé de internet, y que dice que el paso del tiempo va permitiendo tomar distancia y decantar el balance de las actuaciones de los gobernantes, para ir concediéndole a cada ex presidente el lugar que le corresponde en la historia. Uribe también tendrá el suyo.
Tremendo movimiento de apoyo el que ha surgido en la blogsofera colombiana alrededor de Tomáz, autor del blog Mundo desgrafiado, que fue presionado por el asesor jurídico de J.J.Rendón para que borrara una entrada (fuertecita) que Tomáz escribió criticando a este personaje que se autodenomina “experto en rumorología”.
Las voces de protesta se multiplicaron en varios idiomas, a través de Global Voices y a través de diferentes blogs que lideraron el debate, y que aquí enlazo, especialmente a través del propio Mundo desgrafiado y de Equinoxio, en cabeza de Lully.
Otros como Blueandtanit recuperaron el Caché de Google que contiene el archivo del artículo borrado.
J.J. salió bastante mal librado de sus pretensiones y, vía Twitter, terminó por desistir de sus aspiraciones de debatir alrededor de la libertad de expresión -pero de la libertad de él mismo-, y entre varios blogueros le desmontamos sus argumentos.
Interesante movimiento en pro de la defensa de un derecho.
Esta mañana recibí en mi correo personal el siguiente boletín de prensa:
Fundalectura, el Ministerio de Cultura y Coltabaco, se unen para lanzar la segunda convocatoria de Tertulias Literarias Japonesas Katarou II, que llegó a 17 municipios cuyas bibliotecas han sido construidas con el aporte del gobierno japonés y han sido dotadas por el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.
Una idea tan buena como la de esta convocatoria no se merece un patrocinador como éste. ¿Cómo es posible que el Ministerio de la Cultura se una con una tabacalera, para hacer un evento que, necesariamente, avala a sus patrocinadores? Es una contradicción absurda. Es como si el Ministerio de Justicia o el Ejército Nacional se unieran con el Bloque Cacique Nutibara para hacer campañas de sustitución de cultivos o de reparación a las víctimas. Continuar leyendo ‘Tabaco y bibliotecas’
(El texto original de esta columna fue publicado, en el periódico Vivir en El Poblado, del cual soy columnista desde el año pasado)
La primera vez que vi en vivo y en directo a una persona tatuada fue hace muchos años,y no fue a una sino a dos, hombres jóvenes y mellizos para más señas, que habían ido haciendo de su piel una especie de mural callejero, en el que de manera arbitraria habían ido buscando lugar, a lo largo y ancho de sus anatomías, para repartirse y acomodar palabras, figuras geométricas, mariposas, sendos ángeles de plumosas alas, dragones y hasta la cabeza de Antínoo ahogado, flotando en las aguas del Nilo, con las pirámides de Egipto como telón de fondo.
Esta forma de relacionarse con sus cuerpos me evocaba la hermosa película Escrito en el cuerpo, de Peter Greenaway (The Pillow Book, Francia-Reino Unido; 1996), que gira alrededor de la piel como papel y lienzo, y que inicia con la historia de una mujer que guarda el recuerdo de la hermosa caligrafía japonesa que durante los años de infancia y adolescencia su padre le dibujaba en el rostro para cada cumpleaños; obsesionada con revivir esta experiencia en su vida adulta, un día encuentra a un amante que logra satisfacer su deseo y que prolonga de manera dramática su historia, en una especie de ritual cargado de drama, sensualidad y poesía. Continuar leyendo ‘La audacia de los tatuados’